Trump vs Musk y quien la tiene más grande

El ego humano no tiene límites, sobre todo cuando se trata de dos multimillonarios con cuentas bancarias tan grandes como sus inseguridades. De un lado, Elon Musk, el Tony Stark sin guión, el tipo que te lanza un satélite, un auto eléctrico y una app en la misma tarde. Del otro, Donald Trump, un expresidente con el peinado de una milanesa dada vuelta y la diplomacia de un colectivero.

Si algo dejó claro esta semana la política internacional es que el ego humano no tiene límites, sobre todo cuando se trata de dos multimillonarios con cuentas bancarias tan grandes como sus inseguridades.

La historia empezó como toda amistad tóxica: con elogios, guiños, y muchos intereses comunes. Trump lo llamaba “genio”, Musk lo toleraba porque bueno, si te caen contratos federales por miles de millones, uno hace de tripas corazón. Pero claro, cuando Elon se cansó del acting y empezó a decir lo que pensaba, la cosa se pudrió más rápido que dólar turista un lunes feriado.

Todo estalló cuando Trump presentó su mega plan de gasto público —el mismo que en campaña habría llamado “comunismo venezolano con moño”—, y Musk lo criticó con un tuit filoso: “Esto es una locura económica”. Porque, claro, si hay alguien que entiende de números y futuro es Musk, no un señor que cree que el cambio climático es una conspiración china.

Pero lo mejor vino después. Trump, herido en su orgullo naranja, empezó a filtrar boludeces por la prensa: que Musk es “adicto”, que “no es confiable”, que “sin él no sería nadie”. Tranquilo, Donaldo. El tipo que está desarrollando inteligencia artificial, neurochips y viajes interplanetarios no necesita a un jubilado del Partido Republicano para sentirse realizado. Basta con ver quién va a Marte y quién apenas llegó al Capitolio.

Y mientras Musk seguía en lo suyo —dominar el transporte, la energía, las telecomunicaciones y de paso Twitter— Trump hizo lo que mejor le sale: berrinche público y amenazas vacías. Dijo que iba a revisar los contratos de SpaceX. Sí, justo ahora que NASA depende de Musk para no tener que pedirle cohetes prestados a Putin. Visionario el tipo, ¿no?

Pero lo que más molesta de todo esto no es el show. Es que Musk está tratando de empujar la humanidad para adelante —literalmente, fuera del planeta—, mientras Trump juega a la política como si fuera el dueño de un country con mucho odio acumulado.

Elon no será perfecto —tiene sus salidas raras, sus tweets que uno quisiera borrar con la mente—, pero al menos no es un tipo que gobernó con odio y ahora quiere cobrar venganza por Twitter.

Así que sí, si hay que tomar partido entre el chabón que quiere construir un futuro interplanetario y el otro que apenas puede construir una oración sin gritar, me quedo con Musk todos los días de la semana… y en Marte también.