Milei y $LIBRA: el primer presidente en difundir un rug pull desde la Casa Rosada

Parece un chiste, pero no: el presidente de la Nación «difundió» una cripto y terminó enredado en una estafa. Javier Milei, adalid de la libertad, libertario de peinado inclasificable y enemigo jurado de la casta (salvo cuando la casta le sirve), decidió una noche tuitear a favor de una memecoin llamada $LIBRA.

Milei y $LIBRA: el primer presidente en difundir un rug pull desde la Casa Rosada

Y no, no lo hizo como ciudadano común. Lo hizo como presidente en funciones, desde su cuenta verificada, con tono de mesías financiero. A minutos del posteo, la criptomoneda explotó. Los creadores (misteriosamente anónimos, como toda buena estafa) liquidaron su parte —porque claro, tenían el 70%— y dejaron a miles de fanáticos libertarios, soñadores digitales y boludos bienintencionados con los bolsillos vacíos.

¿Resultado? Una estafa multimillonaria. Y una nación gobernada por alguien que promociona assets como si fuera un influencer de Dubai.

Pero no termina ahí. El escándalo fue tan monumental que el mismo gobierno (el de Milei, eh, no otro) creó una Unidad Especial Investigadora. Cosa rara: el presidente se investiga a sí mismo. Es como si el zorro anunciara una comisión para analizar por qué faltan gallinas.

Y lo más divertido —o trágico, según tu tolerancia al ridículo— es que esa unidad fue disuelta por decreto a los pocos días, porque “ya cumplió su función”. Claro. Se hizo la investigación más rápida de la historia: duró menos que la inflación en 10%. El dictamen: Milei no tuvo nada que ver, fue un “error de apreciación”. Como si un rug pull presidencial fuera un simple tropiezo, como pisar caca de perro en Plaza de Mayo.

Y él, por supuesto, se lavó las manos como Poncio Pilato con glitter: “me comí un cachetazo”, dijo. Como si hubiera comprado un lavarropas usado, no impulsado una moneda digital desde el sillón de Rivadavia. ¿Y la culpa? De los otros. Siempre de los otros. De los “operadores”, del periodismo, de los bolches imaginarios que viven en su cabeza.

A esta altura, el Milei original —el que gritaba contra la corrupción y la manipulación estatal— parece haber sido reemplazado por su versión beta con espíritu de coach trucho de YouTube. Porque hay que tener talento para decir que venís a sanear la política y terminar protagonizando la primera estafa piramidal con custodia de Granaderos.

Mientras tanto, el resto del país mira. Algunos lo defienden como si Milei fuera Buda con Excel. Otros lo critican pero igual le temen.