“No jodan con CFK”: cuando la brocha gorda reemplaza el argumento fino
Earte callejero, esa expresión visceral del alma popular. Pero no estamos hablando de Banksy ni de murales con Diego tomando mate en el cosmos. No. Estamos hablando de la más refinada técnica del aerosol mal calibrado con mensaje político de jardín de infantes: apareció una pintada en la puerta del estudio de Olga que decía, con la sutilidad de una piña al hígado, “Santutu y Mortedor, no jodan con CFK”.

¿El contexto? La Corte Suprema confirmó la condena contra Cristina Fernández de Kirchner, seis años de prisión e inhabilitación perpetua. Una bomba institucional que, en cualquier democracia razonable, abriría debates, editoriales, marchas, contramarchas y probablemente una que otra mesa de café con gente peleándose por WhatsApp. Pero acá no. Acá, el método preferido de cierta militancia con tiempo libre fue: pintar con aerosol una amenaza en la puerta de una radio.
Olga, la criatura mediática surgida del under con ínfulas de mainstream, no es precisamente un bastión macrista. Su grilla tiene más progresismo que una asamblea de sociología. Pero bastó que dos streamers —Franco “Mortedor” y Santutu— aplaudieran al aire el fallo judicial para que se activara el operativo “guardianes del relato”.
Y así, Palermo amaneció con una obra de arte conceptual que decía más sobre la pobreza argumental de sus autores que sobre CFK. El mensaje, simple y directo, no dejaba lugar a dudas: si no estás de acuerdo, te pintamos la persiana. Democracia, pero con marcador indeleble.
La pintada es, además, el nuevo método de debate político. Olvidate de responder con un artículo, una carta de lector o incluso un meme con ortografía básica. Hoy, la calle se gana con aerosol y ortografía dudosa. Porque “Mortedor”, aunque parezca un nombre de videojuego, ahora es objetivo político. ¿Por qué? Porque no fue obediente.
¿Dónde quedaron los tiempos en que la militancia kirchnerista ganaba debates con pasión, datos manipulados y una épica peronista bien coreografiada? Ahora parece que algunos prefieren la lógica de la amenaza pasiva-agresiva, versión mural. “No jodan con CFK”, como si CFK fuera una marca registrada con derechos exclusivos de uso. Como si opinar distinto fuera vandalismo, y el verdadero vandalismo, una forma de justicia callejera.
Desde ya, no faltaron los defensores de la pintada: “es una expresión del pueblo”, dijeron algunos en redes, entre emojis de corazón azul y fuego. El mismo pueblo que, al parecer, ya no necesita escribir columnas ni salir a la plaza. Con una lata de aerosol y un GPS para llegar a Humboldt y Cabrera, alcanza.
Claro que también surgió la teoría alternativa: ¿y si fue una operación? ¿Un falso positivo para victimizarse? Porque el argentino no solo sospecha de la política, también sospecha del que fue víctima. La paranoia nacional no descansa: todo puede ser una trampa dentro de otra trampa. Como en una película de Nolan, pero con menos presupuesto y más olor a thinner.
Mientras tanto, la dirección artística de la amenaza fue cuestionada por algunos sectores: la tipografía era básica, sin serifas ni spray profesional. Ni siquiera un stencil. ¿Tanto cuesta militar con estética? Si vas a defender a Cristina, por lo menos hacelo con una fuente que no parezca hecha con una papa mojada en témpera.
La dirección de Olga no emitió comunicado formal, quizás porque entendió que no hay mucho que agregar cuando el agravio viene escrito con aerosol barato. Pero la escena quedó inmortalizada: en una de las zonas más cool de Buenos Aires, frente a una radio que se construyó sobre el humor, la libertad y la improvisación, alguien pensó que la mejor respuesta al desacuerdo era dejar un mensaje que bien podría haber salido de un fanático despechado de Twitter.
Así estamos: condenas firmes, aplaudidores incómodos, y militancia con stencil casero que cree que callar al otro es una forma válida de justicia. Lo único que falta es que la próxima pintada sea una crítica de cine. Aunque con esta lógica, capaz aparece un «No jodan con Néstor» en el baño de algún bar vegano.












