“Revolución exprés”: Grabois, la bandera y el arresto más peronista del mes

Y un día, Juan Grabois dijo: “¿Y si hoy me hago arrestar por la patria?”. Porque nada dice “lucha popular” como ocupar un edificio cerrado hace meses, con más polvo que votos en las PASO. Así arrancó la última performance del peronismo de resistencia: la toma del Instituto Juan Domingo Perón, ese santuario laico donde se venera la estampita de Evita, un busto de Néstor, y una copia del decreto 4161 tachada con marcador rojo.



Juan Grabois detenido

El lugar estaba clausurado por orden del gobierno libertario, que considera al peronismo un virus que ni el dióxido de cloro pudo matar. Pero para Grabois, el cierre era una afrenta a la identidad nacional. Y claro, él se siente como si fuera un Che Guevara con tarjeta SUBE. Así que fue con su batallón de militantes, que incluía dos diputados, una cámara de TikTok y probablemente una guitarra para cantar La Marcha mientras lo sacaban en andas.

Entraron, flamearon la bandera, recitaron frases de Perón y se instalaron como si fuera una sucursal de Paka Paka en la guerra fría. Pero no duró mucho. En tiempo récord llegó la Policía Federal con gas pimienta, escudos, y una orden no firmada pero aprobada por el rating de TN. Hubo forcejeos, gritos, algunos insultos a Bullrich en varios idiomas y, para coronar la jornada, cuatro policías con raspones que ya son mártires libertarios en Twitter.


Grabois fue arrestado como corresponde a cualquier mesías moderno: con una cámara filmando, una frase para la historia («¡Meteme preso, Milei!») y la dignidad de quien cree que su selfie es una tapa de Caras edición resistencia. Lo subieron al patrullero entre aplausos imaginarios y sarcasmos reales. Desde la comisaría posteó que estaba “orgulloso” y que “la bandera no se negocia”. Más que preso político, parecía candidato a protagonizar una telenovela de Canal 7.

Mientras tanto, el presidente Javier Milei celebró la detención como si Grabois fuera un dragón y él, San Jorge con motosierra. Subió memes, tuits y quizás hasta brindó con energizante mientras Patricia Bullrich, desde algún búnker con olor a gas lacrimógeno, declaraba que “se terminó el vale todo”. Al parecer, en este país se puede fundir el INCAA, despedir mil científicos, pero ¡cuidado con tocar una baldosa en Recoleta!

El peronismo, por su parte, reaccionó con su indignación habitual: comunicados con tipografía de Word 2007, fotos en blanco y negro y mucha alusión a la patria, el pueblo y un pasado glorioso que nunca se termina de entender del todo.

 

Y así, una vez más, el país se dividió: para unos, Grabois es un héroe de la patria grande; para otros, un okupa con ínfulas de mártir. Y para los que sólo querían ver la final de Gran Hermano, otra interrupción de la programación para ver cómo la política argentina se supera a sí misma en ridiculez, como cada semana.